¿Os gustan los tatuajes? Tanto si os molan como si os parecen curiosos o si, simplemente, creéis que son horrendos, seguramente conozcáis a alguien que tenga uno, dos o, directamente, todo el cuerpo tatuado.

Es obvio que cada persona tiene su opinión al respecto de tatuarse, pero ¿Es justo que se discrimine a alguien por tener tinta en la piel? ¿Es diferente a tratar a alguien distinto solo por llevar un peinado en concreto?

Todas estas preguntes surgen a raíz de lo que le ha sucedido a Darryl Timms, de cuarenta años, y a su pareja, Amanda Tiff. Ambos iban a tomarse unas pintas cuando, sorprendentemente, les negaron la entrada en un establecimiento de Warwickshire (os juramos que no nos hemos inventado el nombre).

La pareja estaba de vacaciones en el Lemington Spa y decidieron salir a dar una vuelta por el pueblo una vez entrada la noche. Concretamente se dirigieron a un bar que les llamó la atención por su curioso nombre, Fizzy Moon Brewhouse, pero el portero del pub no les dejó pasar.

El bar parecía muy moderno, uno de esos donde hacen diez gintonics diferentes, y precisamente por eso les sorprendió mucho lo que sucedió a continuación. El portero del local les dijo que los gerentes se reservaban el derecho de admisión y que no podían permitir la entrada a alguien con tantos tatuajes.

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Darryl se sintió ofendido y le espetó una respuesta al portero. “Estamos en 2018 tío, modernízate”. Entonces, el empleado del local que custodiaba la puerta tuvo un momento tierno y le reveló lo siguiente a Darryl y Amanda: “Lo siento mucho, yo también tengo tatuajes”.





Un portero con tatuajes les estaba prohibiendo el acceso al local por tener tatuajes. Darryl pensaba que la cabeza le estallaría de tanta estupidez, parecía una broma de mal gusto. Decidió responder con la misma ironía que presentaba la situación: “Tú tampoco puedes entrar en el pub así”.

Pero entonces usó ese argumento al que muchxs de nosotrxs hemos recurrido en alguna ocasión. “Solo hago mi trabajo. Lo siento mucho, precisamente porque sé que me pone en una situación incómoda”.

Darryl no sabía ni cómo sentarse. Tenía muchos tatuajes pero ninguno de ellos era ofensivo para nadie y los únicos visibles eran los de sus manos y cara.

No entendía qué había de malo o agresivo en su aspecto. Vestía una camisa, una chaqueta, pantalones, zapatos y calcetines, es decir, nada estrafalario. Además, tampoco es que el pueblo fuese una villa amish ajena al siglo XXI, de hecho, había varios estudios de tatuajes en él.





Finalmente, Darryl abandonó su conversación con el portero dándose cuenta de que, debido a que el fortachón tenía que hacer su trabajo, estaba con una pared. “El gerente del local que ha impuesto esta política necesita madurar y adaptarse a los tiempos que corren”.

Pero después de que lo publicase todo en Internet, el propietario del pub hizo unas declaraciones respecto a lo sucedido y su política de admisión.

“Cada bar tiene algún tipo de protocolo en cuanto a la forma de vestir o apariencia, nosotrxs no tenemos nada establecido siempre que la persona esté razonablemente presentable”.

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“Los porteros tienen un trabajo complicado porque deben hacer ese juicio y, a veces, pueden equivocarse, pero si alguien está disconforme siempre estaré dispuesto a reunirme con ellos para resolver el problema”.

En cualquier caso, en lo que el gerente del lugar daba su opinión, seguramente Darryl ya se estaba tomando una pinta junto a Amanda en un sitio menos tiquismiquis y más acogedor.

¿Os han denegado la entrada a un sitio por vuestro aspecto físico? Explicádnoslo en los comentarios de Facebook.

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Fuentes: metro, ladbible