El alcohol es ese amigo pillo que nos causa más de un problema, a veces gordo y a veces enorme, pero que nos llena de confianza y seguridad para realizar cosas que no seríamos capaces de hacer si no fuese por este mágico potaje.

Cuando bebemos nos sentimos ajenos al dolor, al frío y, sobre todo, a la vergüenza. Pensamos que somos suficientemente bellos como para atraer a cualquier otra criatura hambrienta que encontremos en la discoteca y nos vemos capaces de ganar a Usain Bolt a una carrera.

Pero, obviamente, es todo una ilusión. En realidad, lo más probable, es que estemos dando más pena que la madre de Bambi.

La suerte que tenemos es que, posiblemente, todo el grupo de amigos y el resto de gente que esté en el antro que frecuentemos, también está igual de perjudicada o más que nosotrxs. Así que nuestra taja seguramente se vea camuflada en un mar de desfachatez y patetismo.

Pero siempre hay alguien que nos observa balbuceando, tropezando y “bailando”. Unos guardias oscuros que se limitan a contemplar los acontecimientos sin intervenir, como El Vigilante de Marvel o el Observer.

Estos son los camareros y camareras de discoteca. Esos seres a los que te acercas billete en mano para luego susurrarles tu deseo al oído. Ellos son los verdaderos héroes de la noche, sabedores de todo lo que tú eres incapaz de recordar la mañana siguiente.

Sus testimonios son realmente estremecedores, dignos de Cuarto Milenio, ya que te dejan sorprendido y horrorizada al mismo tiempo que sabes que, perfectamente, podrías ser uno de los protagonistas de su relato.

A continuación, os relataremos algunos de las historias que varias camareras han contado al portal Código Nuevo.

Sonia, de 26 años, revela que visto a chicos meando contra la barra, chicas cagando entre dos maceteros y gente vomitando por las esquinas.

Aunque al leerlo se nos escape un poco la risa floja, la verdad es que es lamentable tener que vivir, en tu puesto de trabajo, todo tipo de machismos, peleas y botellazos, temas de droga y guarradas que avergonzarían al mismo Satanás.

“Hemos sacado a muchas chicas de los baños empapadas en su propio vómito, medio desnudas… es una pasada”.

Otro testimonio, el de Maria Berrocal, una sevillana de 19 años, cuenta que si dejan entrar todas las chicas de golpe al baño se produce una escena surrealista en la que todas las mujeres mean por todas partes, ya sea la pica, la papelera o, en contadas ocasiones, dentro del lavabo.

De hecho, cuenta que una vez hubo una persona que restregó, con la escobilla, sus necesidades por todas las paredes, espejos y ventanas del baño. Una pieza de arte contemporáneo que, por artística que fuese,  nos gustaría que su autora limpiase con la boca.

Aunque sea un trabajo de mierda, podría tolerarse si el trato recibido fuese medianamente correcto. Pero, sobre todo las camareras, son, casi siempre, el objetivo de comentarios machistas ya que parece ser que, si trabajas de noche, eres facilona y tonta.

Según Sonia, ellas entienden que su imagen sea una parte importante de su trabajo, pero eso no significa que los clientes deban tratarlas como ligues, en vez de trabajadores, y que tengan derecho a tocarlas cuando se ponen a bailar.

Maria también se suma a esta denuncia y dice que no cree que haya muchos sectores en los que las chicas reciban tantas propuestas sexuales como ellas. Otra cosa que quiso detallar fue que, cuando estuvo trabajando en Inglaterra, los clientes eran aún peores y combinaban los insultos machistas con el racismo.

Otro de los problemas graves que detectan las camareras es que las drogas, el acoso y el abuso sexual van de la mano en muchas discotecas. De hecho, revelan haber acompañado muchas veces chicas a su casa al ver que iban muy perjudicadas y que un chico o un grupo querían aprovecharse de ellas.

«Estamos muy pendientes de las copas de los clientes. Cuando fue la moda de la burundanga tuvimos problemas porque supimos de casos que habían sucedido en nuestra discoteca. Es inevitable y la gente no se corta ni un pelo a la hora de meterse una raya de coca delante de ti. Incluso te lo ofrecen tus propios compañeros».

Pero, por desgracia, saben que la noche es algo difícil de controlar y ellas mismas reconocen que, si no fuese porque lo han visto desde el otro lado de la barra, puede que ellas estuviesen haciendo lo mismo que hacen los energúmenos y energúmenas que se descontrolan en su local.

¿Qué casos sonados habéis visto en una discoteca? Explicádnoslos en los comentarios de Facebook.

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Fuentes: codigonuevo, publimetro