El mundo es lo suficientemente grande como para ocultar rincones que son de todo menos comunes. Hoy os queremos hablar de una localización que, no solo sorprende por sus extremas condiciones climatológicas o su aislamiento del resto del mundo, sino porque, además oculta un gran y oscuro secreto. Preparad vuestros abrigos, porque nos vamos de viaje ‘muy al norte’.

Se trata de un lugar que está en una zona del mundo bastante poco recomendable: al norte de Noruega, a medio camino del Polo Norte. ¿Sabéis de cuál os estamos hablando? Se trata de Longyearbyen, situado en el archipiélago de Svalbard, una isla helada que, a pesar de ser una pesadilla como ‘hogar’, está habitada durante todo el año.

Su población vive a base de extraer los recursos naturales de esa tierra: minerales y carbón. Tienen que vivir en un clima extremo para el cual se han tenido que adaptar y poder vivir a duras penas.

¿Qué tipo de animales hacen compañía a sus habitantes? Unos cuantos osos polares… y poco más. Ni si quiera la fauna tiene valor de habitar esas tierras tan baldías.

Lo primero que, probablemente, os vendrá primero a la cabeza es aquella manida frase de que ‘ahí te puedes morir de frío’… pero es que no. En Svaldard está PROHIBIDO morirse.

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En el año 1950, el gobierno local tuvo que instaurar esta especie de ‘norma extraña’ en la cual recomendaba de forma bastante insistente a la población de que ‘no se muriese’.
Esto, que podría parecer una locura (y que, en parte, lo es) tiene una explicación que, en el fondo, guarda bastante sentido. Los cuerpos, al pasar a mejor vida y debido a las bajas temperaturas, los cadáveres no se descomponen ‘con normalidad’.
En estas circunstancias, muchos de los cadáveres conservan enfermedades peligrosas que se hayan quedado con ellos ‘hasta el final’, cosa que supone un peligro para los que todavía no han ‘amochado’.

El gobierno local, tomó entonces una decisión: llevarse a Noruega a todas aquellas personas que están terminales. Las autoridades de este país permiten que los familiares de los desafortunados puedan cremar el cadáver y esparcir la cenizas en su tierra natal.

Además de esta norma, los habitantes tienen que seguir otros ‘consejos’. Uno de ellos es que, si dejan lo límites de la ciudad, tienen que ir armados con un rifle ya que, por la zona, hay más de 3.000 osos polares.
De entre los cadáveres que se han podido recuperar de esa tierra, algunos databan del año 1918 y aún conservaban restos de la famosa Gripe Española.
A vosotrxs, ¿también os han entrado ganas de ir a pasar unas vacaciones por ahí este veranito? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 
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Fuentes: The Sun, News.