No hay asesinos “buenos”, pero, sin embargo, sí que hay algunos ejemplos, sobre todo en la ficción, que se inclinan hacia una forma de matar y de seleccionar sus víctimas que contiene cierto un cierto código moral. Vigilantes que actúan como soldados al margen de la ley, pero que luchan en el lado de los “justos”.

Uno de los más famosos de la televisión es, sin duda, Dexter Morgan. Un asesino en serie (eso es porque realiza varios asesinatos sistemáticamente, no porque, efectivamente, salga en una serie) que solo mataba a otros psicópatas. Pero, por lo visto, no está tan lejos de la realidad.

Pedro Rodrigues Filho es un hombre de Brasil que tiene, al menos, 71 muertes confirmadas bajo su nombre, siendo la mayoría de víctimas criminales.

Él confiesa que tuvo su primer instinto asesino cuando tenía 13 años, cuando casi mata a un primo mayor. Pero su primer asesinato se produjo un año después asesinando al teniente de alcalde de la ciudad de Alfenas porque había despedido a su padre.

Mató dos guardias de seguridad a los que creía ladrones y luego se mudó a Sao Paulo, donde continuó con su matanza con, por ejemplo, un traficante de drogas, entre otros.

Allí vivió con una mujer que conoció, Maria Aparecida Olympia, hasta que unos miembros de una banda la mataron y él, como no, los torturó hasta la muerte para vengarla.

El siguiente objetivo de Filho fue su padre, que estuvo en prisión tras el asesinato de su mujer, la madre de Filho. El hombre la mató con un machete tras muchos años de abuso doméstico, así que su propio hijo lo asesinó en un acto de venganza y rabia que se respiró luego en la escena del crimen cuando vieron que lo había apuñalado 22 veces y que, incluso, le había cortado un trozo de corazón, lo había masticado y después escupido.

Un poco antes de cumplir veinte años fue arrestado, pero antes de entrar de prisión hizo honor a su leyenda y se llevó a uno más por delante. Compartió el coche policial con un “famoso” violador y cuando los policías llegaron a la cárcel y abrieron la parte trasera del coche descubrieron que FIlho lo había matado.

Primero fue encerrado en una prisión que, según parece, era de baja seguridad, donde mató a 47 internos que, según él, lo merecían.

Pero su historia no termina aquí. En Brasil el máximo tiempo en prisión que puede pasar una persona está en los 30 años, así que, pese a estar condenado a 128 años más 400 por sus crímenes dentro, en 2007 salió del centro penitenciario.

Actualmente tiene 63 años y, seguramente, seguirá asesinando otros criminales en cuanto tenga la oportunidad.

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Fuentes: vt, allthatsinteresting