Hay días en los que estamos cabizbajos, taciturnos y alicaídos. Nos despertamos a las seis de la mañana para ir a trabajar y, mientras nos pegamos una ducha con agua fría para despertarnos, lloramos porque el mundo no nos quiere. El Universo no nos da un respiro y la monotonía nos aplasta el pecho con una inclemencia absoluta. Es cierto que luego nos acordamos de que en la panadería de la esquina hay una oferta de dos napolitanas de chocolate por un euro, pero aún así esto no puede compensar el aburrimiento que nos espera el resto de la jornada.

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Pero el día aún nos depara una sorpresa; un último respiro que nos puede dar la vida: nuestra ración diaria de uno de los programas más locos, irreverentes y surrealistas de la televisión. ¿De cuál puede tratarse? Efectivamente: solo First Dates puede conseguir esto (vale, igual nos hemos pasado de optimistas con todo esto, pero ya es demasiado tarde).

Hoy os queremos hablar de este programa porque, recientemente, nos ha regalado no solo una, sino dos de sus ya habituales situaciones dantescas. Primero sentó en la misma mesa a dos personas que, como podréis comprobar a continuación, tenían en común lo mismo que una patata y el Gran colisionador de hadrones del CERN instalado en Ginebra.

Irene y Avelino se disponían a afrontar una velada de lo más agradable y a valorar si había feeling entre los dos y podían tener una segunda cita (y quien sabe si una tercera…ejem…).

Pero, ya desde el principio, la cosa se empezó a torcer gravemente. Aquello se convirtió en una bola de tensión que iba cuesta abajo y sin frenos y casi acaban tirándose la comida por la cabeza…



Ella era una chica progresista y feminista, muy comprometida con la causa y poco dispuesta a tolerar actitudes retrógradas y él… pues todo lo contrario, por resumir un poco.

Irene se definía como «una persona feminista, provocadora e inquieta culturalmente y socialmente”, lo que es algo muy loable y destacable. Pero Avelino era algo más… polémico y, ya desde el inicio, afirmó que había menos mujeres en la carrera de ingeniería por una cuestión de la ‘naturaleza’.

La conversación se convirtió en un toma y daca de argumentos por parte de uno y del otro. Él soltaba cosas como «Ya si me dices que eres feminista la jorobamos», a lo que ella respondió afirmativamente.

Él le pregunto ‘cuánto de feminista era’ y ella le dijo que «No se es muy feminista o poco feminista, se es feminista o no se es».

«Si ya me estás preguntando si soy feminazi entonces tendríamos un problema».

“El feminismo fue creado a propósito, una obra de ingeniería social para crear guerra entre sexos. Hay casos de mujeres que odian a los hombres por el mero hecho de ser hombres”, aseveraba Avelino.
Su cara no tenía precio. Ella no se creía lo que estaba escuchando y la tensión se podía palpar en el aire. Aún con todo esto, ambos se mostraban ‘ligeramente optimistas’ en las entrevistas en privado, pero la cosa no tenía ningún futuro y eso estaba clarísimo.
Él se definía como católico y conservador, ella como apóstata y progresista. Las chispas saltaban por todas partes.
Finalmente, Avelino reconoció que, entre ellos, Había «un muro ideológico que es imposible saltar»… y no había solución.

Al final, los dos decidieron darse una segunda oportunidad. Pero eso no es todo…

EXTRA BONUS:

Nos llega, a última hora, otro participante que ha sido tildado de machista. En menos de una semana. Se trata de Pablo, un soltero de 55 años que, hace dos días, también se coronó con sus… ‘suriosos’ comentarios respecto a las mujeres.

Sus grandes hits comenzaron con frases como «las españolas se han vuelto egoístas, pues en el amor fallan ellas« y acabó con frases como «una mujer inteligente con la que pueda tener una conversación» seguido de «una mujer tiene que tener el pecho grande«… ¿Qué os parece? ¿Se puede ser más explícito?

A vosotrxs, ¿qué os han parecido los comentarios de estos hombres? ¿De parte de quién os ponéis? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook.