Estamos en plena celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno. En esta ocasión se están celebrando en PyeongChang, Corea del Sur y, como era de esperar, la competición está siendo tremendamente intensa y llena de sorpresas. Hoy queremos hablar de una de ellas: la esquiadora Rowan Cheshire y su resurgir de las cenizas como si de un ave fénix se tratase.

Esta joven esquiadora, a sus 18 años, fue al mundial de Sochi, en 2014, para participar en sus primeros Juegos Olímpicos.

Todo iba sobre ruedas hasta que, en un entrenamiento, tuvo una grave lesión en la cabeza que la dejó fuera de competición y que cambió su vida para siempre.

«No recuerdo nada», explicaba en una reciente entrevista.

«He visto un vídeo del accidente, por eso sé lo que pasó». 

«Básicamente, choqué contra una pared demasiado fuerte, mi cuerpo pasó por encima y detrás no había nada, por lo que aterricé con mi cabeza sobre el suelo».



Su lesión no solo fue física. Empezó a sufrir de dolores de cabeza recurrentes y tenía episodios de ansiedad que no la dejaban salir de casa.

«Pasaron seis meses hasta que pude volver a enfundarme en los esquís».

«Cuando los dolores físicos se van, aún quedan las consecuencias psicológicas del accidente y el miedo a volver a esquiar». 

«Fue un punto difícil de superar. Vi a un psicólogo a lo largo de los seis meses que duró la recuperación y eso me ayudó mucho».

Cuatro años después, Cheshire ha demostrado que nada puede acabar con su sueño.

Ha vuelto a los juegos olímpicos totalmente decidida a alzarse con la victoria.

Ha sido un camino largo y difícil, pero ahora Cheshire ha vuelto más fuerte que nunca y está lista para subir de nivel.

Explica también que, al principio, tenía dudas sobre si volver o no. Pero que, al hacerse Instagram, sus más de 20.000 seguidores la animaron a seguir su camino.

Su pasado también está plagado de metas cumplidas. En 2013 quedó en el puesto 17 en la FIS Freestyle Skiing World Cup. Ese mismo año, ganó la medalla de bronce en la World Junior Championships en Valmalenco.

En enero de 2014, fue la primera esquiadora inglesa en ganar la FIS Freestyle Skiing World Cup.



«Solo quiero probar que puedo hacerlo, enseñar a la gente lo que soy capaz de hacer».

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