El niño más gordo del mundo vivía en Colombia y nació hace cuatro años. Eso no es noticia, puesto que ya ha pasado mucho tiempo desde entonces, pero hace poco ha salido nueva información al respecto.

Santiago Mendoza ya pesaba 20 kilos cuando solo tenía 8 meses, duplicando el peso de su hermano, tres años mayor.

En los medios colombianos y de todo el mundo se divulgaba la imagen del niño: sonriente y con unos michelines en las extremidades que le dificultaban el moverse.

Más allá de lo graciosas o tristes que puedan parecer las fotografías, la situación puso a los médicos en alarma ya que, pese a su corta edad, ese niño podía sufrir diabetes, problemas respiratorios o un paro cardíaco. Todo por culpa de su peso.

Las redes sociales automáticamente culparon a la madre por no controlar el apetito de su niño, pero tuvieron que callarse cuando se inició un proceso psicoterapéutico para conseguir que Santiago tuviese un mínimo de calidad de vida.



Y es que se descubrió que su apetito voraz no era simplemente hambre o algún tipo de desorden alimenticio, sino que padecía de déficit de leptina congénita.

Es una condición muy extraña (solo se han registrado 34 casos en el mundo) que hace que los enfermos no generen la hormona que suprime el hambre. Esto ocasiona que los infantes que vienen al mundo con este problema genético, engorden a pasos de gigante desde el momento en que nacen.

Gracias a este diagnóstico a tiempo, Santiago Mendoza pesa hoy 26 kilos con 4 años ya que se ha podido tratar su enfermedad con metreleptina que tiene que inyectarse a diario.

El tratamiento no es muy agradable ya que debe recibir varias inyecciones cada día, pero, al menos, han conseguido salvarle la vida.

¿Deberían tratarse de forma diferente todos los casos de obesidad? ¿Son las redes sociales demasiado rápidas en sacar conclusiones? Dadnos vuestra opinión en los comentarios de Facebook.

Fuentes: eltiempo infobae