Pillar un taxi siempre es una buena opción en caso de que necesitemos ir rápidamente de un punto A a un punto B, incluso para ir luego a un punto C. Los taxistas deben estar acostumbrados a ver mil y una cosas diferentes y extrañas, ya que se pasan el día tratando con gente desconocida. Todo relativamente normal para este tipo de profesión, ¿no? Pues vais a flipar pepinillos con la historia que os traemos hoy. Es, con total seguridad, el viaje más loco que ha hecho alguien en taxi y que no acabó demasiado bien para el incansable taxista que, por satisfacer a su cliente, hizo lo impensable.

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La historia es tan alocada como real: se trata de un taxista que le dio la vuelta a medio mundo, llevando de un lado para otro a su cliente para que, al final, lo dejasen tirado con un impago de 18.000 euros por sus servicios.

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Todo comenzó hará un mes, el 10 de octubre. El taxista se encontraba en Montecarlo, donde se subió un pasajero que quería ir a Niza, es decir, un viaje de unos 21 kilómetros (algo relativamente aceptable).

Pero la cosa luego se puso más seria: ahora el cliente quería ir a Bruselas, ciudad que está a nada más y nada menos que 1.200 kilómetros de Niza.

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Pero es que de ahí se fueron a Londres, cruzando el Canal de la Mancha a través del Eurotúnel. Ahí el cliente hizo las gestiones que tenía que hacer y pidió al taxista un nuevo viaje, ahora hasta Zilina, Eslovaquia. Esto son otros 1.600 kilómetros más.

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De ahí, pidió esta vez ir a Bad Münstereifel, Alemania, a 1.110 kilómetros  de Zilina. Fue aquí donde pasaron dos noches antes de retomar esta odisea, ahora de nuevo a Londres, lo que sumaba 600 kilómetros más.




Cuando llegó la hora de pasar la cuenta, esta era de la friolera de 18.000 euros. En ese momento, el cliente dijo que no llevaba tanto efectivo, y que tenían que ir a Cancún, México, a sacarlo del banco donde lo tenía guardado. Así pues, y ya dentro de esta extraña tónica, tomaron un avión desde Londres hasta Cancún.

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Una vez en Cancún, el cliente desapareció, dejando tirado al pobre taxista en unas paradisíacas playas sin un solo céntimo en la cartera y a más de 10.000 kilómetros de Viena, su casa.

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Tuvo que llamar a su mujer y pedirle el dinero para el pasaje de vuelta, teniendo que hacer escalas en Toronto, Islandia y Londres para, finalmente, poder acabar este ‘trabajito’. Una vez en su hogar, puso una denuncia en la comisaría de Euskirchen, ya que sospechaba que el particular cliente era nativo de ahí (algo tendría que conocer de él después de tantos días y kilómetros juntos).




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A [email protected], ¿qué os ha parecido esta loquísima historia? Dejadnos vuestra opinión en los comentarios.