Hoy os queremos contar la historia de Karen Newman. Padecía bulimia desde los 14 años cuando le hacían bullying por ser disléxica. Cuando fue diagnosticada con cáncer de mama, se sintió entusiasmada. «Suena loco pero de verdad que veía a la quimioterapia como una forma de perder peso. Estaba tan obsesionada con perder peso que no me importaba el cáncer».

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«En aquel entonces, nadie conocía la dislexia. En lugar de tener ayuda extra, los profesores te hacían sentar en una silla de zoquete en la parte trasera del aula. Se burlaban de mí por eso, entonces empezaron a meterse con mi cuerpo y mi personalidad. Decían que tenía la nariz de una bruja, que era gorda y estúpida. Allí empezaron los demonios en mi cabeza, diciéndome que comiera menos, que no valía nada y que me merecía morir». Llegó a pesar 32 kg…

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«Mi madre no entendía la anorexia. Entonces nadie lo entendía realmente, ni siquiera los doctores a los que me llevó. Entonces en la universidad una chica me contó sobre vomitar. Nunca había escuchado el concepto de bulimia, pero sonaba como la solución perfecta. Ahora podía comer lo que quisiera y después vomitar».

Conoció a su futuro marido Peter en la universidad, pero no se lo contó. «Era una experta en contar calorías y en dietas, estudié para ser nutricionista y dietética. Empecé a tratar a la gente con trastornos alimenticios mientras mantenía el mío en secreto».

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En ese entonces vomitaba 12 veces al día. «Mi bulimia estaba fuera de control. Tenía que hacerlo hasta que vomitara sangre porque eso significaba que no quedaba nada más. La bulimia afecta a las encías, los dientes, las entrañas, el esófago. Todo me dolía pero pensaba que me castigaba a mí misma por no valer nada».

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Pensaba que no podría concebir niños por todo el daño que se había hecho a su cuerpo, pero al final pudo tener a tres hijos sanos. Tras el nacimiento de sus hijos, la bulimia volvía.




1A pesar de su enfermedad, se convirtió en una triatleta de clase mundial y compitió en el equipo de Estados Unidos. En marzo de 2008, a los 46 años de edad, vio un bulto en su pecho izquierdo. Fue diagnosticada con cáncer de mama en la etapa III y le explicó que tenía un 10% de posibilidades de supervivencia sin tratamiento inmediato.

3«Mi doctor me dijo que tendría náuseas y yo me alegré, pensaba que tener quimioterapia me ayudaría a perder peso. De hecho, estaba entusiasmada por la quimioterapia».

«Había estado dispuesta a perderlo todo, a mis hijos e incluso mi vida, para estar delgada. Entonces sabía que no podía estar bulímica y superar al cáncer. Hice una promesa a mis hijos y tenía una lucha a la que sobrevivir».

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«Lo abandoné completamente, pero no diré que fue fácil. Cada día era una batalla contra la voz en mi cabeza, pero el cáncer fue una llamada de atención. Mis hijos me necesitaban y poco a poco la voz demoníaca se calmó».




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Tras dos años de tratamiento, incluyendo una mastectomía y radiación, Karen empezó a hacer charlas inspiradoras sobre su batalla contra el cáncer. Seguía trabajando como dietista dando consejos por todo América».

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«Soy dietista y mi carrera consiste en comer bien. Fui una mentirosa y una hipócrita, pero cuando le dije al público que era bulímica, me quité un peso de encima. Seguidamente la gente se me acercó para hablarme y compartir sus secretos».

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Ahora Karen nunca se pesa y come de forma saludable. «Como cosas que nunca había comido antes como patatas al horno o pastel de zanahoria. En cierta manera, estoy agradecida por mi diagnóstico. Fue el escuchar las palabras ‘Karen, es cáncer’ lo que me salvó la vida».




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«Ahora soy una oradora inspiradora, triatleta que rompió un récord mundial, superviviente de dos enfermedades que pusieron en riesgo mi vida (milagrosamente curada de ambas) y una mujer que por fin ha encontrado el amor hacia ella misma», cuenta Karen.