El pasado domingo falleció el oso polar Arturo a los 31 años en el zoológico de Mendoza (Argentina). Arturo llegó al zoo a los ocho años de edad desde Estados Unidos y era el último ejemplar de esta especie que se mantenía en un zoo de Argentina. Era conocido como «el animal más triste del mundo» y había llamado la atención de muchos medios por las condiciones en las que vivía. Ahora su muerte ha vuelto a desatar la polémica en cuanto a las especies exóticas que se encuentran retenidas en un zoo con esas condiciones.

En los últimos años más de un millón de personas firmaron una petición en el portal Change pidiendo a las autoridades que trasladasen a Arturo a una reserva natural para que pudiera vivir en condiciones más adecuadas para su especie, en concreto al Parque Zoológico Assiniboine en Canadá. Arturo vivía en un recinto de dimensiones limitadas y aguantaba temperaturas extremadamente altas en el zoo argentino. Sin embargo, el animal había superado el promedio de edad en su especie cuando se encuentra en cautiverio (26 años).

En los últimos meses, Arturo presentaba pérdida de apetito (y una consecuente bajada de peso), cansancio, ceguera del ojo derecho y pérdida del olfato por desgaste del hueso nasal. Su muerte se produjo debido a un desbalance hemodinámico que desencadenó un proceso de descompensación multisistémica y un deterioro irreversible.

Además, en junio de este año el histórico zoológico de Buenos Aires cerró sus puertas tras 142 años de funcionamiento. La decisión, impulsada por varias organizaciones defensoras de los derechos de los animales, fue tomada para mejorar las condiciones de vida de los animales.

A continuación os dejamos un vídeo de Arturo en el zoo haciendo movimientos repetitivos hace unos meses:

¿Qué piensas del caso del oso polar Arturo? ¿Qué piensas de los animales retenidos en zoológicos con tales condiciones de vida?